Seccion:
Tradiciones Folklore y Valores de Venezuela
Danzas
y bailes
Venezuela, como país pluricultural, posee un
inmenso caudal de danzas y bailes interesantes en su
contenido y ricos en variabilidad. Estas danzas y bailes,
representantes de cada
área cultural y social, forman parte de un gran
complejo de relaciones que se manifiestan constantemente
entre los hombres y grupos en la sociedad; de allí, que
conjuntamente con el lenguaje, definen claramente la entidad
social y cultural a la cual pertenecen. En tal sentido,
constatamos un primer grupo de danzas indígenas que, por
sus características, se distinguen en el mosaico cultural
venezolano por su enraizamiento a su origen milenario,
enriquecidas con el devenir del tiempo a través de una dinámica propia en constante interculturación; ellas señalan un
proceso evolutivo, aparentemente de carácter
exógeno, ya que el núcleo de dichas manifestaciones
se caracteriza por un ritmo lento de modificación con
relación a los patrones de movimiento y a la trayectoria de
sus formas coreográficas
que, aunque parezcan similares, tienen sutiles
variaciones. Los indicadores de similitud en el núcleo
alrededor del cual se realizan estas manifestaciones se
apoyan en el motivo sagrado o profano, causal de la
movilización hacia esta actividad. La participación puede
ser masiva por parte de la comunidad. En cambio los patrones
de movimiento son susceptibles de variabilidad por la
constante interrelación de elementos tradicionales con los
de reciente adquisición, como consecuencia de la dinámica
cultural que los pueblos desarrollan. Desde el punto
de vista de la composición, poseen una unidad entre cantos,
instrumentos y movimientos, con ritmos binarios en el
esquema musical, formas coreográficas
circulares o lineales y ligeras diferencias en el
paso básico utilizado;
todo ello, para un mismo fin: el interés social, económico
o religioso, valores históricamente establecidos en esta
sociedad. El segundo grupo de danzas y bailes
afrovenezolanos va a surgir a raíz del contacto con la
cultura europea, cuyo núcleo central proviene,
generalmente, de elementos interrelacionados de carácter
cristiano con elementos propios del continente
africano. Este segundo grupo ofrece un rico contenido
literario musical; su núcleo está correlacionado con el calendario santoral de tal manera que
cada festividad tiene, en su mayoría, un patrón o santo
claramente identificado en torno al cual se va a desarrollar
una serie de actividades que concluyen el día
tradicionalmente fijado para la celebración. Los índices
de semejanza se pueden configurar sobre algunos elementos
tales como: cooperativas, cofradías, sociedades; actividad
social en el intercambio para los preparativos que anteceden
a la celebración; relación pasiva o activa con los
representantes de la Iglesia; y preparativos de comidas y
bebidas especiales para la ocasión. Entre los patrones de
movimiento se encuentra una gran diversidad, tanto en el
estilo como en la forma de expresión, resultado de la
riqueza creativa y espontaneidad en el lenguaje corporal,
atribuido esencialmente a la facilidad de improvisar tanto
en el canto como en el movimiento. Las formas coreográficas
pueden ser procesionales, donde participa la población
masivamente, o individuales, donde se origina la interrelación
hombre-mujer espontánea
y libremente. Tanto los cantos, ricos en contenido rítmico
y melódico, como los instrumentos de percusión, son los
factores esenciales para la alegría y diversión características
de este tipo de manifestación. Un tercer grupo de bailes y
danzas va a asociarse, como el anterior, a elementos
europeos y americanos o de las 3 culturas básicas
que conforman el sistema sociocultural venezolano.
Este grupo posee un núcleo diversificado según las
influencias adquiridas a través del tiempo de los 3
sistemas culturales, en los cuales uno de ellos puede o no
tener mayor peso tradicional, así como también puede
ofrecer una simbiosis de elementos diferenciados que los
hacen únicos y originales. Estos se distinguen por una
aceleración en el cambio de formas y modos, en la
presentación de sus elementos esenciales, por el
enriquecimiento constante en la variedad de estilos, por su
movilidad geográfica y
por una muestra de instrumentos musicales de extensa
diversidad. La literatura, la música, los cantos y los
movimientos difieren sustancialmente entre cada manifestación.
No sucede lo mismo con el núcleo que las unifica,
especialmente en las fechas calendáricas
fijas o movibles, las cuales pueden originar fiestas
patronales o santorales lo que implica la presentación, no
en todas las ocasiones, de las danzas o los bailes
tradicionales de la región. Su organización se establece
en las modificaciones de sus patrones de movimiento, los
cuales tienden a la variación por múltiples factores exógenos
que inciden en el comportamiento grupal o individual. En
cambio el núcleo, aunque también puede variar, lo efectúa
a un ritmo mucho más lento.
Las características que identifican este tipo de
manifestación estriban fundamentalmente en el sistema
fiesta, la que se subdivide en los subsistemas: ceremonia
religiosa, artesanías, relaciones sociales, económicas,
intercambio, comidas típicas, bailes o danzas, fuegos
artificiales, etc. Los esquemas musicales y coreográficos
ofrecen una rica variedad para su estudio, tanto los
ritmos musicales como los pasos básicos de cada uno de ellos tienden a ser bastante parecidos en la
unidad del movimiento acorde con el tiempo musical, no tanto
sus variantes las cuales estriban en el acento o el énfasis
que se da a determinado paso personalizado por cada
ejecutante.
El cuarto grupo comprende los bailes populares o
formas dancísticas no tradicionales que se establecen en la
sociedad por tiempo indefinido y tienden a desaparecer en la
medida en que otro estilo los desplaza lentamente; se
identifica, generalmente, en zonas urbanas por medio de una
de sus características fundamentales, como es la cohesión
social derivada cuando se realiza la actividad. Se podría
decir que el núcleo se mantiene en el aprendizaje no formal
durante el momento en que se encuentra en plena popularidad.
Con relación a sus patrones de movimiento, carece de
esquema coreográfico,
posee un paso básico
preestablecido con ligeras variantes; los bailes se
efectúan en pareja o individualmente y la música en su
mayoría es de origen foráneo.
Los medios de comunicación social influyen
poderosamente en el estímulo hacia la dependencia de este
estilo musical y danzario. Y por último, existe un quinto
grupo que se limita a ejecutar las danzas de tipo académico
o aprendidas por esquemas establecidos con un lenguaje específico
a cada estilo. La actividad se desarrolla por medio de un
sistema de aprendizaje formal. Su núcleo principal se
centra en el código de movimientos inventado para estilizar
el cuerpo como un instrumento de creación. Es la danza
llevada a la escena como resultado de un proceso en el cual
interviene la adquisición de técnicas, para expresar
formas intelectuales, estéticas y de recreación poética.
Se puede señalar un núcleo secundario que se establece una
vez superado el primer período de aprendizaje sistemático;
éste va a ser el objeto de creación que derivará
en un espectáculo
mágico y
teatral. Su patrón de movimiento es rico y complejo ya que
involucra el pensamiento y la imaginación hacia la búsqueda
de nuevas formas interpretativas que obligan a solucionar el
problema de la selección de ejercicios adecuados a los
intereses de cada grupo. El arte creativo se caracteriza por
ser minoritario, es decir, muy pocas personas llegan a la última
etapa de aprendizaje y mucho menos a expresarse artísticamente
en este ámbito.
Los 5 grupos analizados anteriormente son actividades que se
dan simultáneamente en
el contexto social y cultural venezolano. Sus métodos de
aprendizaje difieren ampliamente tanto en su contenido como
en los respectivos patrones de movimiento que las
distinguen. Por sus orígenes y formas, son una constante en
el tiempo y en el espacio, lo que influye enormemente en la
cantidad de personas participantes. Venezuela como país
pluricultural tiene el privilegio de poseer un hermoso
patrimonio, legado por su historia y adquirido con beneplácito
por todos los que sienten de diversas maneras el
llamado del sentimiento estético que a través de las
danzas y los bailes pueden disfrutar.
Bailes y danzas indígenas
Las actuales sociedades indígenas poseen una gran
variedad de manifestaciones en donde la danza es practicada
como un factor socializante. Entre los distintos elementos
que componen el universo estético de estas culturas, se
encuentra en un primer plano la literatura y la poesía que
conjuntamente con la música van a formar un binomio del
cual deriva la danza. Los contenidos de los textos
literarios son vastos y diversos entre los que destacan los
relativos a mitos, narraciones libres, cantos jocosos,
testimonios y descripciones históricas, las que son
transmitidas a la comunidad por medio del canto o la
palabra. De tal manera que la matriz que propicia una
manifestación se origina por múltiples motivos; su relación
con la vida es de capital importancia, tanto en el aspecto mágico-religioso
como en el secular, así como su función integradora
y participativa en cada estamento vivencial de la comunidad.
El nacimiento, la pubertad, el matrimonio y la muerte, son
factores fundamentales para organizar una manifestación,
también el trabajo y la diversión, los cuales motivan la
danza en su rol de primacía. Estas costumbres de los
pueblos indígenas se forjaron a lo largo de milenios y
terminaron por ser culturas diferenciadas, adaptadas a
sistemas ecológicos dentro de los cuales crearon sus
propios modos de producción económica, social, cultural,
estética y artística. En el caso de los wayúu, que
habitan la región de la Guajira (Zulia), fueron en un
tiempo agricultores, cuando existía en la zona mayor
precipitación de lluvias, combinando estas actividades con
labores de pastoreo. En esa primera época es donde se ubica
el origen del yonna, baile que expresa una de las más
importantes manifestaciones estéticas y utilitarias
de la cultura wayúu. Esta celebración se realizaba cuando
finalizaba la recolección de las cosechas, durante una
noche de luna llena como símbolo de abundancia y
fertilidad; el toque del kaashi (tambor) se transmitía
hasta el más lejano
rincón de la Guajira, para lograr la concentración masiva
de la comunidad y estrechar aún más
el vínculo de los planes familiares característica
que continúa definiendo el sistema de parentesco de la
etnia wayúu. El yonna, baile de origen agrario, es en la
actualidad una de las más
importantes expresiones populares que se realiza por
diversos motivos, entre los cuales cabe destacar: cuando se
hace la presentación de la majayut (joven guajira
debutante), después que sale del paut (lugar de orientación
y enseñanza de la mujer wayúu, en la etapa de iniciación
para su futuro papel en la sociedad). Para celebrar la
visita de amigos y parientes de otras comunidades dispersas,
o también cuando el seyuu (espíritu protector) hace las
indicaciones a un miembro de la comunidad a través del sueño,
para que realice un yonna en su honor. Durante el yonna no
se entonan cantos, salvo las exclamaciones o gritos del
bailador antes de comenzar el movimiento, justo cuando el
hombre voltea y con una voz desafiante exclama hacia la
mujer ¡wo-sei!, para que ella se mueva con una vuelta sobre
sí misma y comience el baile. La trayectoria es circular y
por parejas interdependientes, la bailadora abriendo su
manta persigue al hombre con paso rápido
y entrecruzado con la intención de tumbarlo, observándose
una ligera competencia de agilidad y destreza entre
ambos. Warao. En Yruara-Akojo, como en otros caseríos donde
habitan miembros de la etnia warao, cerca del caño
Winikina, hacia la desembocadura del río Orinoco, en el
estado Delta Amacuro, se celebra el ritual del najanamu.
Esta ceremonia es solicitada por el wisidatú (chamán)
cuando recibe en sueños el mandato de Kanobo (deidad
warao). La celebración comprende una parte sagrada (baile
del jatabu), una festiva (baile del jabisanuka) y una lúbrica
(juego de naji-saji y otros). Entre los preparativos que se
efectúan con mucha antelación a la fecha de celebración,
se encuentra la búsqueda del tuétano de la palma moriche
de la que obtienen harina después de un laborioso proceso,
para la confección de las tortas de yuruma. Suficiente
cacería, pesca y ocumo para asegurar el mantenimiento de
los invitados por varios días. Hojas de tabaco en rama para
la fabricación de los cigarros güina, elemento fundamental
en los momentos de compartir socialmente. Chinchorros y
espacios para ubicar a las familias invitadas, así como la
fabricación del jojonoko o pista de baile, la cual tapizan
con cortezas de tronco de manaca. En este sitio generalmente
situado en la parte posterior de la ranchería, se
desarrollarán todas
las tardes a lo largo de una semana, los distintos actos que
componen la festividad. Las creencias warao y sus rituales
varían según el punto geográfico
del delta donde se encuentren y según el grado de
aculturación a que estén sometidos. El objetivo de la
celebración del najanamu, es aplacar los deseos del espíritu
solicitante de bañarse en la blanca harina de yuruma,
recolectada y guardada celosamente en el kauya ajanoko o
pequeño recinto especialmente fabricado para ese efecto. De
no cumplirse sus deseos se correría el riesgo de recibir
muchos males en la comunidad, especialmente enfermedades en
los niños, hambrunas o pobrezas; es por ello que estos
rituales se efectúan al menos una vez al año. A los
hombres seleccionados por el wisidato, les corresponde
escoger las varas de los jatabus para colocarles en la parte
superior las tablillas de madera llamadas daunona, que
representan el género femenino y masculino del espíritu
ofrendado. En las tablillas se trazan unas líneas en forma
de equis y en los espacios colocan gruesos puntos a modo de
decoración. Los jatabus listos con sus respectivos daunona
son colocados en el centro de la pista de baile par dar
comienzo al ritual. Más
tarde, con gran reverencia, traen los objetos
sagrados envueltos en un paño; la jebu-mataro o gran
maraca, enorme idiófono adornado con plumas y cintas
multicolores, utilizadas sólo por el chamán; la moroki o maraca de segundo orden de menor tamaño, menos
acicalada que la anterior y la que es entregada a los
chamanes invitados o personajes importantes de la sociedad
warao; la maraquita jabi de tamaño corriente y sin ningún
adorno, es utilizada por el resto de los invitados
masculinos. Kariña. La mesa de Guanipa en el estado Anzoátegui,
es la región donde se encuentran las comunidades de
Tascabaña, Bajo Hondo, Las Potocas, Cachama, entre otras.
Allí viven los kariñas, descendientes históricos de los
famosos caribes, quienes por noticias de los cronistas
estuvieron asentados originalmente en las riberas de los ríos
Pao, Orinoco, Caura, Caroní y Guarapiche, en Venezuela. En
esas poblaciones de la mesa de Guanipa, se baila el
maremare, manifestación que antiguamente fue un ritual
sagrado del culto al jaguar y la luna, cuyo significado mágico-religioso
se transformó en una festividad secular. Actualmente
se baila maremare en celebraciones de matrimonio,
aniversarios, o cuando un familiar llega después de un
largo viaje. En cuanto al canto, es testimonial y puede ser
interpretado por participantes de ambos sexos que tengan
veteranía en la improvisación. Entre los temas más
populares están
los de referencias históricas; los que aluden a
problemas antiguos o contemporáneos
de la comunidad; temas amorosos y humorísticos. El
maremare se baila en parejas o formando pequeñas filas de 3
o más personas,
quienes se mueven con pasos cortos, hacia adelante y hacia
atrás, mientras
describen simultáneamente
un círculo. Los instrumentos musicales principales
son los de origen indígena como las maracas veréekushi
(carrizos) los cuales conducen la melodía y van acompañados
por el cuatro criollo y el tamborito. El akaatompo, otra
manifestación importante de la cultura kariña, es heredera
del antiguo ritual agrario caribe, la cual se manifiesta
actualmente con muchas variantes como resultado de la
profunda aculturación que a través de los años ha sufrido
esta poderosa cultura. Durante los 3 primeros días del mes
de noviembre, los kariñas celebran la festividad religiosa
del akaatompo en honor a sus difuntos. Dos meses antes
comienzan los preparativos con que obsequiarán
a los niños el primer día y a los adultos el
segundo y tercer día. Muy temprano en la mañana se inicia
la actividad cuando los menores de la comunidad visitan las
casas de las madres que han perdido a sus hijos; a estos niños
se les sirve comida y bebida y se les alumbra con una vela
encendida mientras ellos consumen la merienda. El 2 y 3 de
noviembre son los días en que los adultos son atendidos al
llegar a las casas donde ha fallecido alguno de sus
miembros. Allí la mujer inicia el canto del akaatompo a
nombre de la persona recordada, acompañada por los
tocadores de cuatro, maracas y carrizos. Estas visitas son
retribuidas con alimento, bebida fermentada y aguardiente.
Los cantantes de akaatompo se turnan (hombre o mujer) aunque
la costumbre generalizada es la voz femenina, quien
improvisa sobre la vida del difunto recordado, hasta cuando
por cansancio, otra persona toma su turno. Esto se repite
ininterrumpidamente hasta bien entrada la madrugada. Su
movimiento es lento como la música, pues es considerado un
ritual sagrado, se organiza en forma de filas de personas de
ambos sexos, unos frente a otros, quienes se toman por la
cintura para realizar una trayectoria de avances y
retrocesos con 4 pasos hacia adelante y 4 para atrás,
antes de girar a la derecha o a la izquierda. De las
filas se desprenden alas de 3 o más
personas quienes repiten siempre las mismas variantes
y trayectorias. Jiwi (guahíbos). Este grupo se ubica a
ambos lados del río Orinoco entre Colombia y Venezuela
hacia el sur del estado Amazonas, también se extienden
hacia una parte del territorio del estado Apure, pero la
comunidad de Laja de Márano,
en el municipio Atabapo en el estado Amazonas es de
donde provienen los bailes rituales y profanos que a
continuación se describen, entre los cuales los más
conocidos son el jirijirewa (brincadito), el cacho,
el jiwa, guana y la wajita. Éstos se practican durante la
fiesta del yarake, nombre de una bebida que preparaban
antiguamente con yuca molida y luego cocida por largas
horas. Las mujeres se ocupaban de estos menesteres, mientras
los hombres salían en busca de una buena presa para comer y
beber durante la celebración. Esta costumbre fue
desapareciendo poco a poco, más
que todo por la influencia de los misioneros,
especialmente los evangélicos, para quienes estas
diversiones estaban conectadas con el demonio. Actualmente
los jiwis cultivan la caña de azúcar en pequeñas
cantidades, de las que obtienen después de un largo proceso
el fuerte guarapo con que celebran sus reuniones. El jugo de
la caña la hierven en grandes ollas, para después
depositarlo en una curiara de madera la cual cubren
posteriormente con hojas de plátano.
Durante varios días, el chamán
ora junto a la bebida, hasta cuando considera que está
suficientemente fuerte, lista para beber. Entonces se
invita a los parientes de otras comunidades
y poblaciones vecinas. Los asistentes aprovechan la
oportunidad del encuentro para realizar intercambios o
compromisos económicos y sociales. Antes de dar inicio a la
reunión se ejecuta el namo (zorro), flauta sagrada que se
utiliza para desalojar a los espíritus del lugar donde se
realizará el
encuentro. Una vez terminada la sesión de despeje
espiritual, se da comienzo a la fiesta. La wajita cuyo
significado es «enlazado uno a otro» es un relato cantado
y bailado; el solista con un puñado de hombres se reúne en
la plaza para discutir la historia que va a contar durante
el baile; una vez acordado el tema se inicia el canto con
frases del solista que luego el coro repite. Todos se
enlazan codo a codo e inician un balanceo moderado del
cuerpo a medida que acentúan el ritmo con el pie derecho
golpeando el suelo hacia adelante. La rueda encabezada por
el cantante-guía, quien también es el que toca la maraca,
nunca se cierra con el objeto de tener más
flexibilidad en los movimientos y como señal de
apertura e invitación a participar. Cuando lo desean las
mujeres entran al baile; para ello se deslizan entre los
hombres enlazándolos por
la cintura; éstos a su vez colocan el brazo sobre los
hombros de ellas sin perder el golpe rítmico de la danza.
Cuentan los jiwis que antiguamente preparaban el mápato,
especie de tela elaborada de las raíces del
árbol del mismo nombre. Las mujeres confeccionaban
sus batas llamadas marima mientras los hombres utilizaban el
guayuco. El jirijirewa o brincadito consiste en agarrarse en
parejas y saltar alternadamente en cualquiera de los pies al
ritmo de la kayawua (maraca que en su interior llevaba
labrada figuras míticas y plumas de colores). Cada hombre
la llevaba en su mano derecha para acentuar el ritmo,
mientras gira de un lado a otro realizando vueltas sobre su
propio eje, al mismo tiempo que va avanzando en forma elíptica.
El jiwa, otro baile que realizan con carrizo, es llamado así
porque cada hombre toca un instrumento de 5 tubos atado con
pabilo y otro de tamaño mayor que se maneja suelto. En este
baile los instrumentos se tocan alternadamente, macho de
sonido grave y hembras de sonido más
agudo, los cuales se complementan en el toque de la
melodía. Cada músico lleva una compañera de baile con
quien realiza pasos largos en una especie de carrera lenta
avanzando y retrocediendo en forma de zigzag. El jujú es el
conocido baile de cacho; instrumento musical que se fabrica
con el hueso del cráneo
del venado y al ser soplado por el pequeño agujero
occipital produce el ritmo que acompaña la danza. Aquí los
grupos se subdividen y reparten en pequeños grupos colocándose junto a los tocadores que poseen el instrumento. Una vez
colocados unos frente a otros, avanzan y retroceden encontrándose
y alejándose con pasos cortos, en tanto los instrumentos van sonando al unísono.
El wana o baile de pilón, es el único que utiliza 2 filas
de participantes quienes se mueven al compás
del gunábato, nombre
que asignan a los pilones o tambores largos y delgados
fabricados del tronco del
árbol guana. El tocador del macho (más
pesado) y el de la hembra (más
liviano) encabezan las filas de los bailadores para
golpear alternadamente los tambores contra el suelo. Los
participantes de cada fila acentúan el ritmo con el pie
derecho mientras colocan su mano sobre el hombro del compañero
precedente. Piaroa (wótuja). El hábitat
de mayor densidad de los piaroas se encuentra a lo
largo de los ríos Parguaza, Cuao, Paria, Cataniapo y
Sipapo, afluentes del Orinoco en el estado Amazonas. Los
piaroas consideran que su origen y descendencia proviene de
la familia de los tapires (o dantas), ya que Wajari, su héroe
cultural y espíritu de la danta, así se los transmitió.
Por ello este animal es sagrado a tal punto que nadie se
atreve a mirar, tocar y mucho menos matar. La cantidad de maíz
que se siembra al año en un asentamiento tradicional varía
de acuerdo con las decisiones que se adopten acerca de la
actividad ceremonial del año en curso. Para el gran
festival de sari-warime (la primera palabra designa a la
bebida ceremonial, la segunda a los bailadores
enmascarados), el «ruwa territorial» (maestro de
ceremonias) debe preparar parcelas de maíz mucho más
grande ya que para las bebidas ceremoniales tanto el
maíz como la batata se utiliza en proporción elevada con
relación a la yuca. El ire-sare (guarapo fermentado de
batata y yuca) y el ñami-sari (guarapo fermentado de maíz
y batata) es preparado por las mujeres y almacenado en
grandes canoas para después de fermentado, beberlo
profusamente. Igual sucede con la yukuta (mañoco y agua) y
una gran variedad de jugos preparados a base de frutas
cultivadas o silvestres, los cuales se consumen en grandes
cantidades. Al finalizar la estación lluviosa se
intensifica la cacería, con el objeto de acumular muchas
presas, las cuales se ahuman y guardan para el momento de
consumirlas en la fiesta. Aunque el sari-warime es un gran
ritual de fertilidad, también es una demostración pública
del poder que posee el ruwa territorial, quien durante la
ceremonia representa a Wajari, la deidad creadora de los
hombres wótuja, de los animales y del mundo. La mayoría de
los mitos piaroas narran la lucha entre el bien y el mal; en
este caso es la lucha de poder entre Kuemoi (anaconda) que
significa canibalismo y el peligro y Wajari (danta) quien
representa al ser benévolo. La sociedad piaroa surge como
producto del matrimonio mítico entre la familia de Kuemoi y
Wajari; y de la interacción entre la danta y la anaconda.
Relata el mito que a finales de ese tiempo Wajari organizó
el primer sari-warime, al que fueron invitados todos los
seres míticos. Al término de la reunión, él le otorgó a
los animales su forma actual. Wajari fue el primero en tener
la visión alucinógena del ritual, con sus bailadores
enmascarados y los instrumentos musicales sagrados que tocan
todas las mañanas y las noches y que ninguna mujer puede
ver. Este primer ceremonial que organizó Wajari fue en
honor de su hermana Céjeru, diosa de la fecundidad.
Actualmente las máscaras
warime, las llevan colocadas 5 hombres repartidas en
3 tipos: las máscaras
imé o del váquiro
cachete blanco y del váquiro
pequeño de collar, adornadas con plumas de
guacamayos y de tucán;
la máscara jicú
o del mono blanco; y la máscara
reyo o espíritu gigante de la selva. La base de las
máscaras se
hace con un tejido grueso abierto y cubierto con una capa de
arcilla. Los bailadores se presentan con la cabeza
completamente cubierta por las máscaras,
las cuales llevan a la orilla de la base una cortina
de hilos de fibra vegetal que llega hasta la altura del
pecho de los bailadores. Dos faldas de hojas de palmas
cubren sus cuerpos: la primera desde el cuello hasta la
altura del muslo y la segunda desde la cintura hasta los
pies. Todos llevan en la mano la raniñú o maraca tejida
con fibras vegetales que les sirve para acompañar los
movimientos con que enfatizan los cantos, mientras danzan en
la gran ceremonia. Walekena. En el contexto del ritual de
pasaje kasijmakasi, realizado por los walekena del pueblo
Wayánapi (Guzmán
Blanco) al sur del río Negro-Guainía, en el estado
Amazonas, se ejecutan un conjunto de cantos y bailes que
sirven de esquema kinético y como vehículo para el
desarrollo de la acción ritualística. Este ciclo de
movimientos se observa desde el inicio del evento, donde se
conoce la participación activa y pasiva de los invitados;
también durante el mismo, con el objeto de mantener la
atención de la audiencia hacia cada uno de los actos
fundamentales del ceremonial, y al finalizar, como conclusión
y despedida del festejo sagrado, mítico y secular. El
conjunto de cantos y bailes compuesto por el maliyé,
manukaliyamo, wayalu, wayanúa y yuwirililu, se realiza en
distintos tiempos y durante el período determinado por el
madzalu o «cabezante», quien es el coordinador de los
preparativos de la fiesta. Los bailes de maliyé,
manukaliyamo y wayalu, podrían considerarse un código lúdicro-sagrado,
ya que su objeto es concretizar y acompañar los actos
fundamentales del ritual. En tanto el yuwirililu y el wayanúa
comparten un código lúdicro-secular o profano, ya que el
wayanúa se baila para los iniciados después de haber
cumplido con el ayuno reglamentario y con las pruebas a las
cuales fueron previamente sometidos; también para los
invitados sin la participación de los jóvenes iniciados; y
como baile de despedida cuando ha finalizado el ceremonial.

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